Antoni Abad en la Fundación Suñol

 


 

Antoni Abad presenta la exposición medida x medida 1992’2015, comisariada por Eugeni Bonet

Fundació Suñol, Barcelona
Del 11 de mayo al 8 de septiembre de 2018


 


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Rafel G. Bianchi 

Repensar l’olivera, 2017

Publicación | Libro de artista | Ed. Cal Cego
 

 

El papel del aventurero pasivo, que tiene todas las garantías

de la seguridad, es pues, el único que en conciencia

podemos aconsejar al lector. Le permite vivir aventuras

 maravillosas sin sufrir sus inconvenientes

 y lo mantiene a salvo de castigos divinos y humanos.

 Pierre Mac Orlan

 

En su ensayo, Breve manual del perfecto aventurero[1], Pierre Mac Orlan – pseudónimo de Pierre Dumarchey – el escritor y bohemio francés hace una divertida defensa del aventurero pasivo, en detrimento de la épica y la gloria que suele acompañar al aventurero activo; es decir, el aventurero de verdad: aquél que se expone y sufre a través de las vivencias extremas que demanda su espíritu indómito. Bien al contrario, y desde la comodidad del escritorio, o de la silla, Mac Orlan ofrece aquí una especie de tributo a la imaginación como motor generador de aventuras sin riesgo.

Cuando hace meses que descubrí el libro, en seguida vinieron a mi mente dos ejemplos de este tipo de aventuras. De las dos, podemos decir que una era más bien juvenil y la otra, quizás un poco más intelectual, pero tampoco demasiado. La primera es un clásico que casi me da vergüenza explicitar, pero que es tan maravilloso que ahora me parece imprescindible. Se trata de la experiencia lectora de Bastian Baltasar Bux en la mítica novela de Michael Ende La historia interminable. ¿La recordáis? Quizás también os puede sonar más la adaptación cinematográfica de 1984. El niño se encuentra perdido en la realidad (la muerte de su madre, el acoso escolar…) y se refugia en la buhardilla de la escuela a leer el misterioso libro que ha tomado en préstamo de aquel librero tan extraño. La fantasía de la aventura pasiva le permitirá focalizar de nuevo su vida. En segundo lugar, me vino a la mente un libro que me recomendó hace tiempo el artista Dani Montlleó. Se trata de Viaje alrededor de mi habitación[2]de Xavier de Maistre. En este caso, el autor narra la experiencia de arresto domiciliario que sufrió durante 42 días en 1794, un período aparentemente inactivo en los que el escritor aprovechó para recorrer mentalmente este espacio físico tan reducido. De manera similar a Bastian, de Maistre también decide refugiarse en la mente como una herramienta de resistencia fantástica frente a los problemas de la vida real.

No obstante, la conexión más cómplice que hice del libro de Mac Orlan no se encuentra en el ámbito de la literatura, sino en el de las artes visuales, que además es al que me dedico. Gratamente, me pareció que el nexo más directo con la definición de la aventura pasiva que conocía se encontraba en la práctica artística de Rafel G. Bianchi (Olot, 1967). Y es que Bianchi lleva ya muchos años abordando la conceptualización de su obra precisamente desde una posición conceptual muy cercana a las ideas de Mac Orlan. De hecho, en otras ocasiones, yo mismo había establecido similitudes entre su obra y cierta literatura de montaña o realmente aventurera. Pienso, por ejemplo, en

Los conquistadores de lo inútil[3],  del alpinista Lionel Terray, en el que el escalador narra la absurdidad procesual de la conquista alpina; o en Conquista de lo inútil[4]de Werner Herzog, sus memorias del rodaje de Fitzcarraldo en la selva del Amazonas. Sí,

Es curioso, los títulos de los dos libros juegan con los mismos conceptos antagónicos; la conquista y la inutilidad; la gesta y la disfunción. Al mismo tiempo, estos binomios son clave para aproximarnos a la obra de Bianchi.

Pues bien, tras desarrollar proyectos de carácter épico de larga duración – como La bandera en la cima (2007-2012), en el que el artista pintó los 14 ocho mil (las montañas más altas del planeta) en estilo hiperrealista sin salir de su taller, o más recientemente,How to paint mountains (2016-2018), un intento de dibujar todos los paisajes de montaña que sugiere Alfred Wands en una publicación de los años 70 – Bianchi, quizás por encontrarse ahora en un momento más calmado, menos heroico, decide abandonar los viajes mentales por el Himalaya, los Alpes, los Andes o las Rocosas, para centrarse en una aventura muchos más telúrica, emocional y relajada.

Repensar l’olivera (Repensar la olivera) supone un nuevo reto imitativo, en este cas de análisis minucioso de la pequeña olivera que Glòria Padrosa, madre del artista tiene –o mejor dicho, tenía- en el balcón de su casa en Olot. Con la intención de establecer un diálogo entre la producción del aceite llevada a cabo desde Cal Cego y la práctica artística de determinados artistas de determinados artistas de su colección, Rafel G. Bianchi se embarca en una nueva aventura pasiva, quizás la más pasiva de todas hasta la fecha: la confección de un libro de artista de un solo ejemplar, en el que, hoja a hoja, rama a rama, y convertido en un botánico apasionado, revisa el arbusto doméstico de la Glòria. Para hacerlo, el artista necesita de un gesto contundente e, incluso, reprobable, desde un punto de vista sentimental. Debe robar, literalmente, la olivera para instalarse con ella, en el espacio físico y mental en el que pasan las aventuras de Bianchi; es decir, en su taller, un lugar muy similar a la buhardilla en la que lee Bastian o la habitación de la que no puede salir el impetuoso Maistre. En definitiva, el espacio del proceso de trabajo y no de la resolución final; un hábitat –el taller- que desde hace tiempo marca el ritmo procesual y termporal que define la obra de Rafel G. Bianchi.

Para acabar, si nos fijamos ahora en el libro que, en teoría, supone la recta final de esta aventura, podemos constatar como realmente el trabajo de Bianchi se resiste cada vez más a la finalización y el cierre de una idea. Siguiendo la lógica de los libros de calco,

Repensar l’olivera incorpora un último giro conceptual basado en la copia obstinada. La posibilidad lúdica que, quien quiera, pueda hacer un nuevo dibujo calcando los dibujos naturalistas de la olivera realizados por el artista. Una dinámica que, a fin de cuentas, permitiría seguir repensando la olivera de la Glòria de manera infinita.

David Armengol

 

[1]  Pierre Mac Orlan. Breve manual del perfecto aventurero. Jus Ediciones, 2017.

[2]Xavier de Maistre. Viaje alrededor de mi habitación. Editorial funambulista. Madrid, 2011

[3]Lionel Terray. Los conquistadores de lo inútil, Editorial Desnivel. Madrid, 2015

[4]Werner Herzog. Conquista de lo inútil.Blackie Books. Barcelona, 2010

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 Puntos de Fuga

Una publicación de Cal Cego que explora 7 temas esenciales

en el debate sobre arte contemporáneo  

Puntos de Fuga es una edición a cargo de Montse Badia e incluye textos de David Armengol, Pilar Bonet, Raimundas Malašauskas, Martí Manen, Frederic Montornés, Laurence Rassel y David G. Torres.

 


 

 

 

 


Puntos de Fuga, una publicación de Cal Cego

 

 


 

Puntos de Fuga es una publicación, iniciada por Cal Cego. Colección de Arte Contemporáneo, que se articula a partir de 7 nociones claves relacionadas con las líneas discursivas de la colección y que también son temas esenciales en la discusión actual sobre el trabajo en arte. Estas nociones son: nomadismo, creación de conocimiento, colaboración, procesos, relaciones intergeneracionales, desjerarquización y la relación Arte-Vida.

Puntos de Fuga es una edición a cargo de Montse Badia e incluye textos de David Armengol, Pilar Bonet, Raimundas Malašauskas, Martí Manen, Frederic Montornés, Laurence Rassel y David G. Torres. Catalogación: Marisa Pérez Vázquez. Diseño gráfico: Alex Gifreu. Traducciones: Graham Thomson, Marina Vives, Hector Acuña.

Tamaño: 240 x 320 mm. 92 páginas.

Ediciones independientes en castellano, catalán e inglés

ISBN Puntos de Fuga: 978-84-697-8156-2



Helena Almeida e Ignasi Aballí en
Caerán las almas de las pieles, Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca
Helena, Almeida

 

 

 

 

 


Obras de Helena Almeida e Ignasi Aballí, pertenecientes a la colección Cal Cego, en la Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca

En el contexto de la exposición Caerán las almas de las pieles, dentro del proyecto La piel del discurso médico, comisariada por Javier Codesal y Montserrat Rodriguez Garzo

Sala de Exposiciones, Diputación de Huesca
Del 8 de septiembre al 22 de octubre de 2017