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Aernout Mik

Park, 2002

Vídeo-instalación | color

 

 

 

 

Una de las características principales de las video-instalaciones de Aernout Mik es que, aparentemente, los personajes que proliferan en ellas parecen no tener objetivos concretos, ni voluntades definidas. En Park, este particularidad se acentúa de tal modo que el espectador tiende a buscar, inmediatamente, un código que franquee esta distancia relacional entre los sujetos y solucione el enigma de tan caótica escena: hombres, mujeres, animales, árboles y retratos ocupan y pululan en un mismo espacio. Algunos se mueven fortuitamente, a ritmos distintos; otros realizan tareas incomprensibles, repetitivas o anodinas bajo la evidente presencia silenciosa de lo inanimado.

Efectivamente, la conexión que Mik establece entre todos estos personajes no es de orden afectivo ni social, ni tan solo psicológico o antropológico, sino orgánico. En Park, Aernout Mik se encarga de eliminar cualquier tipo de jerarquía entre seres humanos, animales, árboles y objetos, con el fin de explorar otras conexiones entre seres animados e inanimados que se alejen de las pautas narrativas de causa y efecto, o introducción, nudo y desenlace.

El dispositivo de esta video-instalación es característico de una buena parte de las obras de Mik: imagen retro-proyectada y emplazamiento de la pantalla a ras de suelo, a medida del espectador. En Park además, la cámara, que registra la estudiada escena, deambula por entre las hojas de los árboles, las personas, el perro o el cartel pegado en el tronco de un árbol, sin establecer prioridades o protagonismos de unos y otros.

Para Mik, la mimesis es un deseo de orden inconsciente, que tiende a disolver los límites que separan el espacio y los objetos que lo ocupan. De este modo, en Park, todos los protagonistas, animados e inanimados, se articulan en una configuración única, formando un organismo que habita en un espacio bio-social. Ni la narración biográfica, ni la comunicación intersubjetiva tienen cabida en esta nuevo orden relacional, dirigido por el impulso mimético de asimilación, adaptación y de integración que cualquier organismo, por insignificante que éste sea, establece con el medio en el que se encuentra.

Al igual que en otros de sus trabajos (Float, Territorium, 3 Laughing, 4 Crying and Organic Escalator, Osmosis) en Park, Mik explora también las manifestaciones de intoxicación, de perdida de control y de violencia de este organismo, así como sus estrategias de equilibrio entrópico. En este sentido, Mik evita cualquier justificación moral o sentimental de las acciones de sus personajes para poder, de este modo, poner en evidencia los mecanismos casi invisibles mediante los cuales las acciones de unos y de otros se articulan y actúan en interdependencia.

De todos modos, el enigma latente en todas las obras de Aernout Mik se mantiene intacto, pese a las variadas interpretaciones a las que el observador somete a sus extravagantes protagonistas. Probablemente, en la irracionalidad aparente de muchos de sus personajes, en su depresivo anonimato y su despersonalización se esconda la máscara de una verdad: la desconexión de la realidad de una gran parte de la subjetividad contemporánea.

Marta Gili
 


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